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Cierto comerciante, al visitar la Abadía de Westminster, en Londres, donde se encuentran sepultados los reyes y personajes eminentes de Inglaterra, preguntó cuál era la tumba más visitada, excluyendo la del “soldado desconocido”. El conserje respondió que era la tumba de David Livingstone.
Son pocos los humildes y fieles siervos de Dios, que el mundo distingue y honra de esta manera. Se cuenta que en Glasgow, después de haber pasado 16 años de su vida en el África, Livingstone fue invitado a pronunciar un discurso ante el cuerpo estudiantil de la universidad. Los alumnos resolvieron mofarse de quien ellos llamaban “camarada misionero”, haciendo el mayor ruido posible para interrumpir su discurso. Cierto testigo del acontecimiento dijo lo siguiente: “A pesar de todo, desde el momento en que Livingstone se presentó delante de ellos, macilento y delgado, como consecuencia de haber sufrido más de treinta fiebres malignas en las selvas del África, y con un brazo apoyado en un cabestrillo, resultado de un encuentro con un león, los alumnos guardaron un gran silencio. Oyeron, con el mayor respeto, todo lo que el orador les relató, y cómo Jesús le había cumplido su promesa: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Su Nacimiento David Livingstone nació en Escocia. “Entre los recuerdos más sagrados de mi infancia, escribió Livingstone, están los de la economía de mi madre para que los pocos recursos fuesen suficientes para todos los miembros de la familia. Cuando cumplí diez años de edad, mis padres me colocaron en una fábrica de tejidos para que yo ayudara a sustentar a la familia. Con una parte de mi salario de la primera semana me compré una gramática de latín.” David iniciaba su día de trabajo en la fábrica de tejidos a las seis de la mañana y, con intérvalos para el café y el almuerzo, trabajaba hasta las ocho de la noche. Sujetaba su gramática de latín abierta sobre la máquina de hilar algodón y mientras estaba trabajando, estudiaba línea por línea. A las ocho de la noche, se dirigía sin perder un minuto, a la escuela nocturna. Después de las clases, estudiaba sus lecciones para el día siguiente, a veces quedándose hasta la media noche, cuando su madre tenía que obligarlo a que apagase la luz y se acostase. Durante los años de estudios para llegar a ser médico y misionero, en una reunión, oyó el discurso de un hombre, de larga barba blanca, alto, robusto y de ojos bondadosos y penetrantes, llamado Robert Moffat. Ese misionero había regresado del África, un país misterioso, cuyo interior era todavía desconocido. Los mapas de ese continente tenían en el centro enormes espacios en blanco, sin ríos y sin sierras. Hablando sobre el África, Moffat dijo al joven David Livingstone: “Hay una vasta planicie al norte, donde he visto en las mañanas de sol, el humo de millares de aldeas, donde ningún misionero ha llegado todavía.” Conmovido, al oír hablar de tantas aldeas que permanecían todavía sin el evangelio, a lo cual, Livingstone respondió: “Iré inmediatamente para el África.” David volvió a su humilde hogar de Blatire para despedirse de sus padres y hermanos. A las cinco de la mañana del día 17 de noviembre de 1840, la familia se levantó. David leyó los Salmos 121 y 135 junto con su familia. Las siguientes palabras quedaron impresas en su corazón, y lo fortalecieron para resistir el calor y los peligros durante los largos años que pasó después en el África: “El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche... Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.” Después de orar, se despidió de su madre y de sus hermanas y viajó a pie, junto con su padre que lo acompañó, hasta Glasgow. El viaje desde Glasgow a Río de Janeiro y luego a Ciudad del Cabo en el África, duró tres meses. Pero David no desperdició su tiempo. El capitán se volvió su amigo íntimo y lo ayudó a preparar los cultos en los que David predicaba a los tripulantes del navío. El nuevo misionero aprovechó también la oportunidad de aprender, a bordo, el uso del sextante y a saber exactamente la posición del barco, observando la luna y las estrellas. Ese conocimiento le fue más tarde de incalculable valor para orientarse en sus viajes de evangelización y exploración en el inmenso interior desconocido, del cual “subía el humo de mil villas sin misionero”. Su Matrimonio y Las Misiones Fue en la casa de Robert Moffat, en Curumá, que llegó a conocer a María, la hija mayor de ese misionero. Después de abrir la misión en Mabotsa, los dos se casaron. Seis hijos fueron el fruto de ese enlace. Fue en esa época de su vida que Livingstone, debido a sus hazañas, se volvió mundialmente famoso. Livingstone atravesó, ida y vuelta, el continente africano, desde la desembocadura del río Zambeze hasta San Pablo de Luanda, siendo el primer blanco en realizar semejante hazaña. En ese viaje, Livingstone descubrió las magníficas cataratas de Victoria, nombre que él dio a esas grandes caídas de agua en honor de la reina de Inglaterra. En ese lugar el río Zambeze tiene un ancho de más de un kilómetro; allí las aguas de ese gran río se precipitan espectacularmente desde una altura de cien metros. Continuó predicando el evangelio constantemente, a veces a auditorios de más de mil naturales del país. Sobre todo, se esforzaba en ganar la estimación de las tribus hostiles por donde pasaba, con su conducta cristiana, que era un gran contraste con la de los mercaderes de esclavos. Regreso a Casa Por fin, después de una ausencia de diecisiete años de su patria, regresó a Inglaterra. Volvió a la civilización y a reunirse con su familia, como quien vuelve de la muerte. Antes de desembarcar, supo que su querido padre había fallecido. En Inglaterra fue aclamado y honrado como un heróico descubridor y gran benefactor de la humanidad. Los diarios publicaban todos sus actos de valentía. Las multitudes se amotinaban para oírlo contar su historia. En 1862 su esposa lo acompañó en sus viajes; pero tres meses después falleció víctima de la fiebre, y fue enterrada en una ladera verdeante en las orillas del río Zambeze. Livingstone realizó su último viaje sufriendo dolores atroces; día tras día se le iba volviendo más y más difícil caminar. Fue entonces que tuvo que ser cargado por vez primera, por sus fieles compañeros: Susi, Chuman y Jacó Wainwright, todos indígenas. Llegaron a la aldea de Chitambo, en Ilala, donde Susi hizo una cabaña para él. En esa cabaña, el primero de mayo de 1873, el fiel Susi, encontró a su bondadoso maestro de rodillas, al lado de su cama, muerto. ¡Oró mientras vivió y partió de este mundo orando! El cuerpo fue transportado para Inglaterra, donde fue sepultado en la Abadía de Westminster, entre los monumentos de los reyes y héroes de aquella nación. No había dudas con respecto al cuerpo de Livingstone; era fácil de identificarlo; el hueso por encima del brazo izquierdo tenía bien patentes las marcas de los dientes del león que lo atacó años atrás. Cuando Livingstone hablaba a los alumnos de la Universidad de Cambridge, en 1857, dijo lo siguiente: “Por mi parte, nunca ceso de regocijarme porque Dios me haya designado para tal oficio. El pueblo habla del sacrificio que yo he hecho en pasarme gran parte de mi vida en el África. ¿Es sacrificio pagar una pequeña parte de la deuda, deuda que nunca podremos liquidar, y que debemos a nuestro Dios? ¡No hay tal cosa! Y lo digo con énfasis: No es sacrificio... Nunca hice un sacrificio. No debemos hablar de sacrificio, si recordamos el gran sacrificio que hizo Aquel que descendió del trono de su Padre, de allá de las alturas, para entregarse por nosotros.” Livingstone durante los treinta años que pasó en el África, nunca se olvidó del propósito que tenía de llevar a Cristo a los pueblos de ese obscuro continente. Todos los viajes que realizó, eran viajes misioneros. Grabados en la historia de la iglesia de Cristo, están los grandes éxitos alcanzados en el África durante un período de más de 75 años después de su muerte, éxitos inspirados en su mayoría, por las oraciones y persistencia de ese gran siervo que fue fiel hasta la muerte. |
El Apóstol como rendidor de cuentas
HERMOSOS LOS MATERIALES SON UNA BENDICION!!!!!!
Conociendo tu Punto Límite
Saludos Pastor - Que Dios le bendiga Pastor.Lei su mensa...
María Magdalena: Un Liderazgo Apostólico
Maria Magdalena - Muy edificante! me ha tocado predicar&n...
Conociendo tu Punto Límite
impresionante..... - que super mensaje... que Dios soga b...
Avivamiento Profético
avivamiento profetico - gracias por este mns es lo que es...