|
Por Pastor José Emigdio Osorto ...todos somos ejemplos para quienes nos rodean. Ejemplos edificantes o ejemplos perniciosos... Los medios de comunicación reproducen diariamente noticias desalentadoras sobre conductas deplorables de seres humanos en todo el mundo. Desde la corrupción de notables figuras de gobierno, violencia, terrorismo, abuso y maltrato infantil; hasta la depravación y vida amoral de las figuras de la farándula mundial; éstos últimos con el agravante de modelar la conducta social. Prácticamente todo ser humano tiende a idealizar a algún otro al que, por sus características, admira. Ve en él o en ella el tipo de persona que a él le gustaría ser. Las preferencias varían según la idiosincrasia y los gustos o inclinaciones de cada uno. Han existido incontables personas que se han distinguido por sus virtudes y su influencia bienhechora; entre tales personas se encuentran los filántropos, los educadores, los defensores de la dignidad humana, los reformadores de los sistemas políticos y sociales, y, aunque pueda parecer presuntuoso por nuestra parte, en ese campo sobresalen las grandes figuras de la Iglesia cristiana: apóstoles, mártires, misioneros, pastores, maestros, fundadores de entidades benéficas y una gran cantidad de cristianos humildes que, sin haber llegado a ser héroes o haber realizado grandes obras, en su sencillez y en la oscuridad del anonimato, han brillado por la solidez de su fe, por su fervor espiritual y por la coherencia de su vida, modelando su cristianismo práctico y aplicado día a día. Estas características han hecho de ellos canales de bendición y estímulo para otros. Entre todos los modelos sobresale el único perfecto que ha existido en el mundo: nuestro Señor Jesucristo. En su carácter y en su conducta él fue sin mancha. Nadie pudo acusarle de pecado tal como aparece en los Evangelios. Cristo fue ejemplo incomparable de humildad, de integridad, de fortaleza moral, de amor sin límites, de abnegación; sin permitirse jamás una falsa modestia, fue consciente de su perfección, que no ocultó. Por eso instó a sus discípulos a ver en él el modelo por excelencia que debían imitar. Ya en días de la iglesia apostólica había numerosos líderes que, por su ejemplaridad, debían ser imitados y la «cadena» se ha prolongado hasta nuestros días. Muchos de nosotros nos sentimos deudores respecto a siervos de Dios y creyentes maduros, aunque imperfectos, que nos han precedido en el pasado. Lo que ellos fueron, lo que hicieron, el modo como vieron su fe y sirvieron a Cristo es un reto poderoso para nuestra conciencia. Constituyen un llamamiento a andar en sus pasos. De hecho, aun sin proponérnoslo, todos somos ejemplos para quienes nos rodean. Ejemplos edificantes o ejemplos perniciosos. Podemos serlo de fidelidad, de celo en el servicio cristiano, de paciencia, de longanimidad, de amor, de entrega abnegada; pero también de superficialidad espiritual, de tibieza, de incoherencia, de egocentrismo, de desobediencia; con lo que fácilmente nos convertimos en piedras de tropiezo para los débiles. Sólo en el primer caso se es verdaderamente modelo cristiano. A ello somos llamados. Urge remediar la escasez de buenos modelos que se observa en la Iglesia de hoy. En conclusión: debemos buscar modelos dignos que nos ayuden a ser modelos influyentes para bendición de muchos.
|
El Apóstol como rendidor de cuentas
HERMOSOS LOS MATERIALES SON UNA BENDICION!!!!!!
Conociendo tu Punto Límite
Saludos Pastor - Que Dios le bendiga Pastor.Lei su mensa...
María Magdalena: Un Liderazgo Apostólico
Maria Magdalena - Muy edificante! me ha tocado predicar&n...
Conociendo tu Punto Límite
impresionante..... - que super mensaje... que Dios soga b...
Avivamiento Profético
avivamiento profetico - gracias por este mns es lo que es...