|
Por Consejo Editorial  Un niño pequeño quería conocer a Dios. Había preguntado a muchos donde encontrarle pero ninguna respuesta parecía satisfacer su inocente curiosidad. Fue a muchos templos y catedrales, sin embargo; aquel ambiente solemne y por momentos triste no le pareció precisamente el lugar donde a Dios le gustaría vivir. Un día después de mucho pensar llegó a la conclusión que Dios debía vivir muy lejos y decidió que lo mejor sería ir a buscarlo. Se imaginaba que sería un largo viaje, así que empacó su maleta con pastelitos y unos seis refrescos, y sin decirle a nadie su aventura empezó su jornada.
Salió de su casa expectante y cuando había caminado como tres cuadras, se encontró con una mujer anciana. Ella estaba sentada en el parque, solamente contemplando con cierta melancolía algunas palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su maleta, se sentía hambriento. Sacó un refresco y estaba a punto de beberlo, cuando notó que la anciana parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelito. Ella agradecida aceptó el pastelito y sonrió al niño. Su sonrisa era muy bella, tanto que el niño quería verla de nuevo, así que le ofreció uno de sus refrescos. De nuevo ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado!
Algo extraordinario empezó a ocurrir en el alma de aquel pequeño. De repente, se sintió en paz. Ya no tenía prisa por seguir su viaje. Se acercó con timidez a la anciana hasta rozar su costado y se sintió seguro. Ambos en aquella banca del solitario parque parecían haberse buscado y encontrado después de mucho tiempo.
Se quedó toda la tarde con ella comiendo y sonriendo, pero ninguno de los dos dijo nunca una sola palabra. Mientras oscurecía, el niño se percató de lo cansado que estaba, se levantó para irse, pero antes de seguir sobre sus pasos, dio vuelta atrás, corrió hacia la anciana y le dio un abrazo. Ella, después de abrazarlo, le dio la más grande sonrisa de su vida.
Cuando el niño llegó a su casa, abrió la puerta. Su madre estaba sorprendida por la cara de felicidad. Entonces le preguntó: - Hijo, ¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?
El niño contestó: - ¡Hoy almorcé con Dios!
Y antes de que su madre contestara algo, añadió: -Y ¿sabes qué? ¡Tiene la sonrisa más hermosa que he visto!
Mientras tanto, la anciana, también radiante de felicidad, regresó a su casa. Su hija se quedó sorprendida por la expresión de paz en su cara. Preguntó: - Mamá, ¿qué hiciste hoy que te ha puesto tan feliz?
La anciana contestó: -¡Comí pastelitos con Dios en el parque!
Y antes de que su hija respondiera, añadió: - ¿Y, sabes? ¡Es más joven de lo que pensaba!
Hoy es un día perfecto para mostrar a otros la mirada de Dios, su sonrisa. Para compartir con los que necesitan pan y abrigo y sobre todo para dar calor a un alma que urge del amor sobrenatural de Dios que sobrepasa todas las barreras. |
Llamados a ser modelos
exelente - Pastor Emigdio que exelente esta palabra es pa...
Adoración: Fundamento de las Finanzas
Tema: Primicias - Es una tremenda bendicion Pastor Rony c...
Adoración: Fundamento de las Finanzas
malaquias 3.10 - que bendicion leer mensajes como este.}g...
¿Comerciante o Adoradora?
Profesora - Considero no está reñida la posición de una m...
Débora: adoradora, jueza y profeta
Tu eres mas que vencedora Mujer - Que bendicion es leer u...